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miércoles, 16 de febrero de 2011

Mitología: El principio del principio (I)

Apuntes de mitología clásica. 

Cuenta Hesíodo que en primer lugar fue el Caos y, después, Gea la de amplio pecho, un nombre que podríamos traducir como la Madre Tierra. Más tarde apareció, también por generación espontánea, Eros, la fuerza del amor que todo lo une, el más hermoso entre los dioses inmortales. Parece ser que también surgió por sí mismo el Tártaro, la región más profunda del Universo, situada aún más abajo que los infiernos, un lugar terrible donde los dioses enviarán a sus peores enemigos.

Sin juntarse con nadie para procrear, de Caos surgieron Érebo (las Tinieblas infernales, es decir, la Oscuridad) y la negra Noche (Nyx), que no tardaron en amarse y de su unión nacieron Éter (el Cielo superior, en el que brilla una luz más pura que en el cielo cercano a la tierra) y el Día (Emera). Sola, al igual que Caos, Gea alumbró al estrellado Urano (es decir, al cielo), a las Montañas y a Ponto, el inmenso océano.

En fin, concluido este lío partenogenético nos encontramos que en estos momentos ya existen: la Tierra (Gea), el Cielo (Urano) y el Mar (Ponto); así como el Día, la Noche, la quintaesencia de la luz y la quintaesencia de la oscuridad. Por si fuera poco, también ha surgido el Amor, el impulso irrefrenable de unirse y engendrar. Evidentemente, con semejante material de partida resulta sencillo que vayan apareciendo cuantas cosas hay en el Universo. Veamos cómo ocurrió.